viernes, 23 de noviembre de 2012

TOC TOC...

Ayer no escribí porque tuve un civil. Se casaron Feli y Pablo. En cuanto entramos mi amigo Nandy me miró y me dijo "Alguna vez estuviste en un civil donde el juez sea hombre?". "No, nunca", respondí. "Yo creo que los jueces condenan y las juezas casan", agregó.
Creo que tiene razón. En los últimos 3 años fui a varios casamientos por civil y algo que me sorprende son las juezas. No sólo porque siempre son mujeres, sino también por sus similitudes físicas. Tienen el pelo más o menos por los hombros, con algunas ondas y teñido de un rojo poco natural. Usan anteojos para leer y se visten con camisa blanca, saco y pantalón negro o gris. A sus discursos le echan una pizca de humor ácido, por más de que sus caras reflejen que esto, para ellas, es un trámite más. Algunas le ponen una pizca más grande que otras.
Con Nandy nos sentamos al fondo contra la esquina, como en el colegio, para poder comentar sin que nos escuchen. Las juezas tienen pinta de profesoras de matemática...de las más malas! Todo salió perfecto excepto que después de que los novios y los testigos firmaran, se dieron cuenta que habían firmado el acta equivocada. La jueza les pidió que volvieran a pararse y firmaran de nuevo. Los espectadores nos echamos una buena carcajada.
Durante los momentos de más seriedad la gente está más predispuesta a cagarse de risa. En misa, en un casamiento, en un entierro, en el colegio, durante una charla de alguien serio e importante, en una reunión de trabajo con los jefes... Cuanto más silencio y seriedad, más chances tiene uno de tentarse y echarse a reír por cualquier cosa. Es como la manzana de Eva, le dijeron que no la podía comer y todo lo que quería era la manzana, obvio. Te dicen que tenes que estar en silencio y serio y todo lo que queres hacer es reírte a carcajadas. Por eso en todas estas ocasiones, si se puede, me siento al fondo. Sé que tarde o temprano me voy a tentar, por cualquier cosa.
Después de tirar un poco de arroz, partimos para la fiesta. Era en Santa Bárbara, en un country. Había escuchado muchas veces hablar de Nordelta, Santa Bárbara y toda esa zona, pero nunca había ido. Es como una gran mamushka! Un country adentro de otro, adentro de otro, de otro, de otro. El casamiento debe haber sido en la ante última mamushka. Feli había decorado todo con servilletas de corazones, floreros, etc. Es una de esas personas que tiene idea de manualidades y decoración, así que estaba todo divino. Muy linda la ante última mamushka, además salió el sol, un golazo!
Encima la novia había tenido la gran idea de pedir que los sándwiches de miga de jamón y queso vinieran separados. Había por un lado sándwiches de jamón y por otro de queso. Los que querían podían unir los 2 y los vegetarianos como yo, felices con los de queso!!! A mí me copan los sándwiches de miga y nunca hay sólo de queso! Siempre intento separarlos y convencer a alguien de que se coma mis mitades de jamón. Habrá sido el día de Feli y Pablo, pero también fue el mío, me comí unos cuantos sandwichitos de miga, feliz.
Usé tacos todo el día, desde las 2 pm hasta las 2 am, al final ya no podía bailar ni caminar. La sobrina del novio que tendría alrededor de 7 años, tenía un vestido con una pollera tipo de bailarina y giraba y giraba... Todas las mujeres en algún momento de nuestras vidas disfrutamos de ver cómo se infla nuestro vestido mientras giramos en el lugar. Es un momento mágico. Yo lo sigo haciendo en la intimidad de mi hogar cada vez me pongo un vestido pero ya no lo hago en público porque no quiero quedar como una retrasada. Es más un TOC (Trastorno obsesivo compulsivo) que un disfrute. Tengo que hacerlo, girar al menos 1 vez en el lugar y ver cómo se infla la parte de la pollera antes de salir. Los TOCs son algo similar al pensamiento mágico pero desde el lado negativo. El pensamiento mágico sugiere que si uno no lleva paraguas, su mensaje y buena predisposición llega al universo y no llueve. En cambio los TOCs sugieren que si uno NO hace tal cosa, algo MALO va a pasar.
Cuando era chica tenía un millón de TOCs! Si tocaba algo con la mano derecha, luego debía tocarlo con la izquierda del mismo modo. Después tenía que repetir el proceso empezando con la izquierda y después con la derecha. Después iba izquierda, derecha, derecha, izquierda y todo iba a estar bien. Era una mezcla de fatalismo simétrico con justicia. Primero porque ambas manos merecían empezar primeras o terminar últimas, era lo justo y segundo que debía sentir lo mismo de ambos lados para que no hubiera desequilibrios en el mundo...Lo sé, casi para internar.
Lo peor era que vivía sobre una calle de tierra y si pisaba una piedra con un pie, debía luego hacerlo con el otro y no podía terminar hasta que sintiera el mismo dolor en ambos pies. A veces no podía dormir porque creía que la temperatura que sentía en el espacio que hay entre el dedo gordo del pie y el que le sigue no era igual en ambos pies. Entonces, buscaba agarrar la manija de la ventana con el pie de temperatura más alta, hasta que se enfriara...Recién ahí podía dormir.
Tampoco podía pisar las rayas en las veredas. Mientras viajábamos en auto imaginaba que nos levantábamos y saltábamos las sombras que los postes de luz proyectaban en la ruta. Era la única forma que tenía de no pisarlas. Lo peor de estos TOCs es la angustia que te genera si no haces alguna de éstas cosas. Me acuerdo que muchas veces me ponía la meta de no tocar con ambas manos la luz antes de irme a dormir. Me acostaba y daba vueltas en la cama, luchando con mi propia cabeza "no necesito tocarla otra vez, no va a pasar nada, tengo que superarlo y dormirme"...Pero me daban ganas de llorar, me agarraba un nudo en la garganta y pensaba que si no lo hacía y pasaba algo MUY MALO, iba a ser mi culpa. Me levantaba rendida y tocaba la luz.
Qué locura! Lo de la culpa viene de la religión cristiana, siempre se manejaron con la culpa... "Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa"... Qué por mi culpa? Si yo no estaba! No maté a nadie, no obligué a nadie a comer ninguna manzana, no me la comí, no traicioné a Jesús...no tengo nada que ver. Poncio Pilatos hizo bien en lavarse las manos, no tenía nada que ver pobre.
Con el tiempo uno va aprendiendo a librarse de esa culpa que ni sabemos de dónde viene, empezamos a lavarnos las manos de los TOCs y de lo que pueda pasar si no hacemos tal cosa o tal otra. A fin de cuentas el destino del universo no está en nuestras manos. Sólo nos queda ponernos un vestido de vez en cuando, pegar un giro y esperar lo mejor.


Voto para "me quedo" y me pongo a girar con mi vestido porque me gusta, sin ninguna culpa.

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