Hoy 4.30am ya estaba arriba, a las 6 salía el vuelo para Salta. Conclusión: anoche dormí 1 hora y media aproximadamente.
Odio volar, me quita el sueño. Cada vez que despegamos vuelven a mi cabeza los mismos pensamientos... Porqué volamos? Porqué no podemos respetar que ni Dios ni la evolución nos dieron alas? Y para el caso, tampoco aletas. Aquí estamos en el aire totalmente entregados a este señor piloto que nadie conoce. Arriesgando nuestras vidas...
Sé que suena exagerado, pero eso es lo que pienso cada vez que estoy arriba de un avión (mientras me baja la presión y le digo a la persona a mi lado que "me quiero bajar").
Mamá me dijo por enésima vez que vaya a ver a un psicólogo y resuelva este tema de una vez por todas...porque su fobia a los pájaros es MUCHO MAS NORMAL, claro.
No quiero ir al psicólogo por esto porque creo que bastante bien lo llevo, al menos nunca me impidió viajar a ningún lado. Es el colmo de la viajera no poder volar.
Cuando estoy en el aire puteo contra todo, incluso contra la evolución de las sociedades. Porqué no nos mantuvimos nómades y sedentarios? Yo hubiera sido nómade y no hubiese tenido problema en ir viajando...pero caminando. Sin hacernos los locos, sin tratar de conquistar los mares y los aires!
De hecho en el fondo creo que FUI nómade en otra vida y por eso me gusta tanto viajar. Pero claro, mi alma no contó con los cambios que se venían en cuanto a lo que viajar implica hoy en día.
Hace 5 años probé una "terapia alternativa". Un amigo me convenció de que tirándome en paracaídas desde una avioneta superaría esta mezcla de miedo a las alturas y a los aviones. Mi amigo Juan me gustaba, así que me convenció fácilmente. Hasta me imaginé que iba a ser romántico y nos ibamos a dar unos besos en el aire. (Boluda total!)
Lo de la avioneta no estubo tan mal. Supongo que estaba tan cagada con que iba a tener que saltar que el paseito no me jodió para nada. Juan me había explicado que antes de saltar estaría sentada al borde del avión con los pies colgando.
Se abrieron las puertas y me arrepentí. Piernas y brazos clavados a las paredes laterales de la puerta ofreciendo opósición mientras mi amigo me empujaba desde atrás. Finalmente accedí...o me ganó por la fuerza. Ahí me di cuenta de que no era yo la que quedaba sentada al borde del avión, era él. Yo, en cambio, no estaba sentada, colgaba TODA del avión...no sólo con las piernas, con el cuerpo entero! Básicamente estaba flameando al viento mientras Juan estaba cómodamente sentado acomodándose para saltar.
La caída libre fue espantosa. Estaba segura de que iba a morir, sólo quería que la tierra se acercara más rápido para no estar consciente de una muerte lenta.
Después se abrió el paracaídas...menos mal!
Juan empezó a desajustar algunos cinturones que nos unían (ya que eso era para la parte de la caída). Yo sentí que me estaba soltando... acto seguido a los gritos "Por favor no me sueltes! No seas hijo de puta! Sé que me querés soltaaarr". Como se imaginarán, no hubo romance de por medio (no ese día, sí 1 semana después!).
Cuando finalmente pisamos tierra firme se suponía que teníamos que correr, pero me temblaban tanto las piernas que no pude mantenerme en pie y caí redonda...Juan cayó sobre mi. Debe haber sido el peor aterrizaje de su vida.
Claro está que de nada sirvió saltar en paracaídas, no superé mis miedos y no pienso hacerlo NUNCA más. Bueno, sirvió para acercarme un poquito a Juan, pero nada más.
La realidad es que los miedos paralizan. Es por eso que no dejo de viajar, no importa cuánto miedo me genere. No podemos dejar que los miedos nos paren! Ni los tiburones de pileta, ni las víboras de pastos altos, ni los payasos asesinos de las duchas, ni los fantasmas de la oscuridad...
Los miedos son barreras, a saltarlas hasta derrumbarlas!
Voto para "me quedo"...un ratito, en Salta, evitando volar.
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